Hoy es un día único

Aunque nuestro cerebro ignora mucha información, sin duda absorbe, codifica y archiva palabras, gestos, hechos y decisiones de nuestro entorno. Y cuando esta noche cerremos los ojos, tal vez sin que nos demos cuenta, seremos un poco distintos de como nos levantamos esta mañana.
Vivir es un permanente ejercicio de interpretar la novedad. La novedad sin fin y casi sin sorpresa es uno de los grandes signos de nuestra época, que día tras día nos va moldeando opiniones, actitudes y decisiones, así va cambiando el mundo y nosotros.
Insistir en repetir a ultranza situaciones y criterios del pasado es negarse a aceptar que aquellas visiones, gestos y palabras que nos daban dicha seguridad fueron realidades que, con los días y los años, quedaron desgastadas por su permanente roce con la novedad.
Y es que cuando se queire recuperar lo que se perdió, primero es necesario asumir por qué sucedió.

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No desees al otro lo que no quieres para ti

Me pregunto si a los partidarios del aborto les hubiera gustado que las leyes que proponen sobre esta dramática cuestión se las hubiera aplicado a ellos cuando estaban en el seno materno. Sospecho que de ninguna manera. Desde muy antiguo, se ha afirmado de diversos modos que no hay que desear para otros lo que uno no quisiera para sí.

No necesito más argumentos para oponerme a las leyes que van en contra del respeto de la vida humana. Otra actitud me parece más bien hipócrita y perversa; además, no arregla el problema, lo agrava.

Nos preguntamos a veces cómo fue posible que muchos alemanes no rechazaran el holocausto, o allá donde haya tenido lugar algún tipo de genocidio. No se preguntarán lo mismo las generaciones venideras sobre el silencio, al recordar la complicidad de nuestra generación ante los millones de inocentes víctimas del aborto?

ViDa

Hoy tuve la alegría de tener entre mis brazos a una niña recién nacida. Cinco días tenía en el mundo, fuera de su madre esa preciosa criatura; sus padres adoptivos le pondrán “Victoria Daniela”, es decir “ViDa”. Han esperado con ansia el momento y por fin hoy por la tarde les fue entregada. Los primeros cinco días fuera del seno materno corrieron a cargo de una generosa familia con cinco hijos. Cuando miraba a la niña de diez años que cargaba y atendía a la bebé, a la abuela de la familia que se inventaba un pretexto para aparecerse y bañar a la niña, aprovechando al máximo los momentos que restaban a cargo de la criatura, multitud de pensamientos se agolpaban y confundían en mi mente: ¡qué bella es la familia!, ¡qué hermosa es la vida! -en ambos sentidos-… y ¡qué oscuridad la de aquellos que ciegamente se oponen a ella!, un auténtico eclipse, más aún, una noche de la razón, de humanidad.

Al ver a esa niña o a esa abuela con la bebé prestada en los brazos, me preguntaba: ¿quién se atreverá a afirmar que la vida es una carga, un castigo? Al imaginarme la ilusión de la pareja adoptante, que unen al gozo de contar con un hijo, que acaso la naturaleza les ha negado, el saber que han salvado de la muerte y han ofrecido una vida digna a tan bella criatura, pensaba: ¡vale la pena luchar por la vida!

Soy consciente de que no todos piensan así, vivimos en una sociedad pluralista, caben todas las posiciones, todas se deben respetar -quisiera que por lo menos los que no piensan como yo respetaran la mía-, pero al ver a Victoria Daniela no podía evitar cuestionarme: ¿es esto bueno o malo?, ¿es bueno que algunos sostengan que no debería haber vivido?, ¿que probablemente se hizo presión a la madre que originalmente deseaba abortar?, ¿que el valor absoluto es la libertad y, por lo tanto, lo que decida la madre debe respetarse y nadie debería objetar nada?

O que se trataba de una compra que hacen familias ricas de niños pobres; mejor sería impedirle vivir a los pobres, es decir, negarles la posibilidad de vivir como ricos, y otras tantas falacias propias del resentimiento social. Al sentir su calor en mis brazos, al ver sus ojitos abrirse y cerrarse, su boquita bostezar, y la ilusión con la que era cuidada por la familia intermediaria, no podía dejar de pensar que todo eso eran discusiones bizantinas, juegos del lenguaje, agudezas, pero no la simple, llana, y sencilla realidad.

Alguien -seguramente pesimista- podría objetar que mi cuadro responde a la historia con final feliz, pero que no todas las historias son así; también hay historias de terror. Alguien podría presentar otro escenario: mujeres metiéndose ganchos en condiciones antihigiénicas y desangrándose inútilmente, muriendo en el acto mismo de asesinar a sus hijos, ¿puede imaginarse algo más dantesco?

Mujeres violentadas, condenadas a vivir con oprobio, obligadas a cargar físicamente durante nueve meses, con recuerdos traumáticos que quisieran olvidar; familias que ven mellado su buen nombre, etc. En ese caso el inhumano, machista, opresor de la mujer, sería yo. Pero, ¿no es Victoria Daniela una mujer?, ¿no podrá llegar tal vez, el día de mañana, a ser una gran mujer?

Noche de la razón que equivale a pobreza de ingenio, a ceguera ideológica que hace violencia a la realidad. Es verdad, caben las dos posibilidades, pero, ¿no tenemos, sea por dádiva divina o como producto de la evolución, la luz de la razón? ¿No podemos intentar ofrecer mejores soluciones?, las más humanas, las más acordes con la dignidad de la persona.

¿Por qué ofrecer la tentación -facilitarla- de acabar con todo y por la vía más rápida, más cómoda, más irreflexiva? ¿Es el aborto una manera humana de solucionar los problemas? ¿No se merece esa incipiente vida, que quiéranlo o no llevan adentro, otra posibilidad, buscar otra solución? Y, sobre todo, ¿quiénes somos nosotros para decidir quién debe vivir y quién no?, ¿se debe respetar al hombre sólo si está en los planes de sus padres?

La realidad humana es compleja, nadie lo niega; lo que me cuestiono es la racionalidad de cortar por lo sano y cauterizar la conciencia diciendo que es algo “legal”, lo que a la postre confunde y deforma al colectivo social.

La falacia de que “nadie las obliga a hacerlo” pone la decisión de quién debe vivir y quién no en personas que, o han demostrado su inmadurez, o están sufriendo un fuerte shock emocional y, en muchas ocasiones, son menores de edad. ¿Cabe mayor absurdo?

La solución de la “historia feliz” es creativa al tiempo que laboriosa, muestra un profundo compromiso social y una solidaridad que no se queda en teoría, sino que se encarna en Victoria Daniela.

Además, como el problema es más profundo, no se limitan a ayudar a parir: se da educación a las madres, se les ofrece albergue donde pueden, si lo desean, permanecer sin que nadie las vea embarazadas; se les da atención psicológica, etc. Es decir, se utiliza la razón.

Muchas gracias, Mario.

Atajar de raiz o comenzar por las ramas

Se cuenta que en el parque de cierto pueblo se hizo necesario tumbar un enorme roble, al que le había caído una extraña plaga que lo convertía en un verdadero peligro público, temiendo se cayera o contagiara a los demás árboles.

Se hizo todo lo posible por salvarlo. Los vecinos estaban muy tristes ante su impotencia. No es fácil definir la causa de un problema, y no menos fácil es tomar la decisión de solucionarlo.

Una mañana llegaron los obreros con sierras automáticas y hachas. Todos se congregaron en la plaza para presenciar el derrumbe del viejo árbol, excitados ante el inmenso estrépito que produciría su caída. Todos suponían que los hombres empezarían cortando el gigantesco tronco principal por el sitio más pegado al suelo. Pero fue todo lo contrario. Colocaron escaleras y comenzaron podando las ramas más altas.

Y así, desde arriba hacia abajo, fueron cortando desde las más pequeñas hasta las más grandes ramas, quedando al final tan sólo el tronco central. Un rato después, aquel poderoso roble se encontraba en el suelo, cuidadosamente cortado a pedazos. El sol cubría esplendoroso el centro del parque. Ya no había sombra: era como si nunca hubiera estado allí, era como si no hubiera tardado más de medio siglo en crecer….

Uno de los obreros explicó que de haber cortado el árbol cerca de la tierra y antes de quitar las ramas, se hubiera vuelto incontrolable, produciendo grandes destrozos en su caída. Es más fácil manejar un árbol cuanto más pequeño se le hace.


Podando primero los pequeños obstáculos tendremos que ir llegando al tronco principal de nuestras preocupaciones. Quitar primero las ramas una a una. Ocuparnos, sin preocuparnos. Reconocer nuestros errores. Tener el valor de enfrentarlos. Establecer las prioridades. Tener claros los objetivos en la vida. Librarnos poco a poco de todo el peso que nos impide trabajar, crecer, disfrutar, vivir.
Ardua tarea, sí, pero creo que muy necesaria.

Nos importa lo importante?

Hubo una vez un barquero que llevaba gente de un lado a otro de un gran río, y un día subió un sabiondo que empezó a increparle diciéndole:
– Conoces las matemáticas?
– No – contestó el barquero.
– Has perdido una cuarta parte de tu vida. Y la astronomía?
– Eso se come o qué? – contestó.
– Has perdido dos cuartas partes de tu vida.
– Y la astrología?
– Tampoco – dijo el barquero.
– Desgraciado, has perdido tres cuartas partes de tu vida!
En aquel momento la barca se hundió, y viéndo que se lo llevaba la corriente, le dijo el barquero:
– Eh, sabio!, sabes nadar?
– No! – contestó desesperado.
– Pues has perdido las cuatro cuartas partes de tu vida, toda tu vida!

Para quien va por un río, lo importante no es saber tantas cosas sino saber nadar. Las cosas esenciales de la vida, muchas veces olvidadas, son saber quién soy, de dónde vengo, a dónde voy, y con todo, descubrir el sentido de Dios; que va con nosotros y también es un importante salvavidas.
Ya dice el refrán que al final de la vida el que se salva sabe y el que no, no sabe nada.

El ombligo esencial

Cuentan de una araña que se dejó caer por uno de sus hilos desde un árbol, para anclar los soportes alrededor de una rama y tejer su telaraña, esa malla que va engrandeciéndose con sucesivas vueltas, hasta completar su obra. Entonces, paseándose por su territorio, orgullosa de su realización, mira el hilo de arriba y dice: “éste es feo, vamos a cortarlo”, olvidando que era el hilo por donde empezó todo, el que sustentaba todo. Al cortarlo, la araña desmemoriada cayó enredada en su red, prisionera de su obra.

Hago una reflexión para verme a mi mismo en el caminar por la vida, y veo que a veces nos olvidamos de lo esencial mientras nos miramos el ombligo encerrados en nuestro cavilar, sin caer en la cuenta de que es la obra por la que se tejieron nuestras vidas.

Efectos adversos en la píldora del día después

Parece ser que los farmacéuticos ya han detectado efectos adversos en la píldora del día después: Sangrados, trombos y, sobre todo, un uso inadecuado y excesivo son algunos de los problemas a los que los farmacéuticos españoles se enfrentan cuando dispensan la píldora del día después.

Los riesgos son bien conocidos desde hace ocho años, cuando el fármaco llegó a España. Pero, desde que comenzara la dispensación sin receta, hace casi cuatro meses, la preocupación de los profesionales es mayor. Una farmacéutica cuenta que en los últimos años ha conocido, al menos, dos reacciones adversas al Levonorgestrel.”Una chica, de unos 21 años, paciente habitual, vino a pedirme un anticonceptivo con Levonorgestrel para tratarse el acné. No se lo di, porque creí que no lo necesitaba, pero ella se lo tomó. Al cabo de unas semanas sufrió un trombo cerebral que a punto estuvo de dejarla tetrapléjica”. No fue el único caso. También tuvo noticias de una joven que “no llegaba a los 18 años” y “acabó en Urgencias por una hemorragia masiva” tras tomar la píldora del día después. Por casos como éstos, ésta farmaceútica es una de las 3.000 que no dispensa este fármaco.

El 52% DE LAS USUARIAS son “reincidentes”. El 100% SUBIÓ LA VENTA en el primer mes sin receta.

Sin embargo, Sanidad ni siquiera reconoce el derecho a la objeción, por lo que la mayoría de los profesionales se ven obligados a dispensar la píldora postcoital sin receta. Algunos toman sus propias precauciones. “Nosotros no la damos por debajo de los 16 años, y siempre explicamos antes los riesgos”, aclara esta titular de la farmacia que lleva su nombre en Madrid. Pese a las cautelas, señala que, desde que se liberalizó su comercialización, ha detectado numerosas irregularidades. “Hay colegas que me comentan que algunas chicas ya se la toman todos los fines de semana. O, incluso, dos veces por semana. Nosotros intentamos decirles que, por favor, esperen al menos un mes, aunque el mínimo son tres meses. Pero no siempre funciona, porque a veces ni siquiera vienen las chicas: vienen sus novios. El otro día llegaron dos chicos de 15 años pidiéndola para una amiga. Les dije que tenía que venir ella misma y no volvieron. A saber lo que habría detrás de eso”. A su juicio, “lo ideal es que hubiera un control médico”.

http://www.foroandaluzfamilia.org