No desees al otro lo que no quieres para ti

Me pregunto si a los partidarios del aborto les hubiera gustado que las leyes que proponen sobre esta dramática cuestión se las hubiera aplicado a ellos cuando estaban en el seno materno. Sospecho que de ninguna manera. Desde muy antiguo, se ha afirmado de diversos modos que no hay que desear para otros lo que uno no quisiera para sí.

No necesito más argumentos para oponerme a las leyes que van en contra del respeto de la vida humana. Otra actitud me parece más bien hipócrita y perversa; además, no arregla el problema, lo agrava.

Nos preguntamos a veces cómo fue posible que muchos alemanes no rechazaran el holocausto, o allá donde haya tenido lugar algún tipo de genocidio. No se preguntarán lo mismo las generaciones venideras sobre el silencio, al recordar la complicidad de nuestra generación ante los millones de inocentes víctimas del aborto?

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ViDa

Hoy tuve la alegría de tener entre mis brazos a una niña recién nacida. Cinco días tenía en el mundo, fuera de su madre esa preciosa criatura; sus padres adoptivos le pondrán “Victoria Daniela”, es decir “ViDa”. Han esperado con ansia el momento y por fin hoy por la tarde les fue entregada. Los primeros cinco días fuera del seno materno corrieron a cargo de una generosa familia con cinco hijos. Cuando miraba a la niña de diez años que cargaba y atendía a la bebé, a la abuela de la familia que se inventaba un pretexto para aparecerse y bañar a la niña, aprovechando al máximo los momentos que restaban a cargo de la criatura, multitud de pensamientos se agolpaban y confundían en mi mente: ¡qué bella es la familia!, ¡qué hermosa es la vida! -en ambos sentidos-… y ¡qué oscuridad la de aquellos que ciegamente se oponen a ella!, un auténtico eclipse, más aún, una noche de la razón, de humanidad.

Al ver a esa niña o a esa abuela con la bebé prestada en los brazos, me preguntaba: ¿quién se atreverá a afirmar que la vida es una carga, un castigo? Al imaginarme la ilusión de la pareja adoptante, que unen al gozo de contar con un hijo, que acaso la naturaleza les ha negado, el saber que han salvado de la muerte y han ofrecido una vida digna a tan bella criatura, pensaba: ¡vale la pena luchar por la vida!

Soy consciente de que no todos piensan así, vivimos en una sociedad pluralista, caben todas las posiciones, todas se deben respetar -quisiera que por lo menos los que no piensan como yo respetaran la mía-, pero al ver a Victoria Daniela no podía evitar cuestionarme: ¿es esto bueno o malo?, ¿es bueno que algunos sostengan que no debería haber vivido?, ¿que probablemente se hizo presión a la madre que originalmente deseaba abortar?, ¿que el valor absoluto es la libertad y, por lo tanto, lo que decida la madre debe respetarse y nadie debería objetar nada?

O que se trataba de una compra que hacen familias ricas de niños pobres; mejor sería impedirle vivir a los pobres, es decir, negarles la posibilidad de vivir como ricos, y otras tantas falacias propias del resentimiento social. Al sentir su calor en mis brazos, al ver sus ojitos abrirse y cerrarse, su boquita bostezar, y la ilusión con la que era cuidada por la familia intermediaria, no podía dejar de pensar que todo eso eran discusiones bizantinas, juegos del lenguaje, agudezas, pero no la simple, llana, y sencilla realidad.

Alguien -seguramente pesimista- podría objetar que mi cuadro responde a la historia con final feliz, pero que no todas las historias son así; también hay historias de terror. Alguien podría presentar otro escenario: mujeres metiéndose ganchos en condiciones antihigiénicas y desangrándose inútilmente, muriendo en el acto mismo de asesinar a sus hijos, ¿puede imaginarse algo más dantesco?

Mujeres violentadas, condenadas a vivir con oprobio, obligadas a cargar físicamente durante nueve meses, con recuerdos traumáticos que quisieran olvidar; familias que ven mellado su buen nombre, etc. En ese caso el inhumano, machista, opresor de la mujer, sería yo. Pero, ¿no es Victoria Daniela una mujer?, ¿no podrá llegar tal vez, el día de mañana, a ser una gran mujer?

Noche de la razón que equivale a pobreza de ingenio, a ceguera ideológica que hace violencia a la realidad. Es verdad, caben las dos posibilidades, pero, ¿no tenemos, sea por dádiva divina o como producto de la evolución, la luz de la razón? ¿No podemos intentar ofrecer mejores soluciones?, las más humanas, las más acordes con la dignidad de la persona.

¿Por qué ofrecer la tentación -facilitarla- de acabar con todo y por la vía más rápida, más cómoda, más irreflexiva? ¿Es el aborto una manera humana de solucionar los problemas? ¿No se merece esa incipiente vida, que quiéranlo o no llevan adentro, otra posibilidad, buscar otra solución? Y, sobre todo, ¿quiénes somos nosotros para decidir quién debe vivir y quién no?, ¿se debe respetar al hombre sólo si está en los planes de sus padres?

La realidad humana es compleja, nadie lo niega; lo que me cuestiono es la racionalidad de cortar por lo sano y cauterizar la conciencia diciendo que es algo “legal”, lo que a la postre confunde y deforma al colectivo social.

La falacia de que “nadie las obliga a hacerlo” pone la decisión de quién debe vivir y quién no en personas que, o han demostrado su inmadurez, o están sufriendo un fuerte shock emocional y, en muchas ocasiones, son menores de edad. ¿Cabe mayor absurdo?

La solución de la “historia feliz” es creativa al tiempo que laboriosa, muestra un profundo compromiso social y una solidaridad que no se queda en teoría, sino que se encarna en Victoria Daniela.

Además, como el problema es más profundo, no se limitan a ayudar a parir: se da educación a las madres, se les ofrece albergue donde pueden, si lo desean, permanecer sin que nadie las vea embarazadas; se les da atención psicológica, etc. Es decir, se utiliza la razón.

Muchas gracias, Mario.

Adolescentes

Cuando aún son niños, los padres obtenemos de nuestros hijos lo que queremos y somos capaces de mantenerlos bajo control y organizar sus vidas. Todo ello sin gran esfuerzo y sin pensar demasiado en la manera de como hacemos, dejándonos llevar también por las experiencias previas vividas junto a nuestros progenitores.
Utilizamos métodos como la amenaza, el castigo y la manipulación (bien entendida), aquellos que parecen razonablemente simples, rápidos y eficaces porque los niños son muy susceptibles a ellos.

Pero cuando llegan a la adolescencia, las amenazas o los castigos ya no producen el efecto que esperamos o quisieramos que tuviese. La confianza y el respeto entre los padres y el adolescente suele faltar por diferencias de dos mundos encontrados, uno que cree en la razón ganada a pulso por la experiencia y otro que busca la ruptura con lo establecido y quiere la independencia de sus acciones sin control ni exigencias.

Creo firmemente que el ritmo que nos ahoga a los padres hace que no dispongamos de tiempo ni tranquilidad para influir en nuestros hijos cuando son pequeños. Todo aquello que no consigamos antes de la adolescencia, después no será posible.
No se trata de hacer con ellos los deberes (que para eso ya van al colegio), ni de llevarles de lado a lado actuando como transportistas en vez de padres, ni de satisfacer sus deseos o caprichos, ni de apuntales a todo tipo de actividades extra escolares, ni de ser implacables ante cualquier fechoría infantil, y tampoco de suplir nuestra falta de tiempo con regalos que tiranizan y se vuelven en contra.
Se trata de dedicación, de tiempo en escucharles y darles el ejemplo que necesitan. Tiempo, mucho tiempo. Que sepan que estamos cerca y que pueden contar con nosotros al igual que con sus amigos. A menudo nos volcamos en echar horas de trabajo, pasamos la mayor parte del tiempo ocupados en asuntos distintos a los familiares. Y es difícil y cuesta su esfuerzo, sí; pero será la única manera de evitar males mayores llegados a la temible adolescencia.

Mucho ánimo!

La felicidad de los niños

Según una encuesta elaborada por la Fundación Nacional para la Investigación Educativa (National Foundation for Educational Research), los niños más felices son aquellos que comen con sus padres.

La encuesta fue realizada entre niños de 10 y 15 años y en ella se les pregunto si estaban de acuerdo, en desacuerdo o si se sentían inseguros sobre la siguiente declaración: “Yo soy feliz en este momento con mi vida”.

Las respuestas reflejaron que los niños dicen ser más felices si tiene la oportunidad de hablar con sus padres acerca de sus preocupaciones. El segundo factor de felicidad es si tienen uno o dos buenos amigos. Los niños que tienen una dieta balanceada y que con frecuencia suelen sentarse a comer con su familia también tienen más probabilidades (1,6 veces más) de decir que son felices.

También encontraron que la situación económica no influye en la felicidad de los niños. Si la vida familiar se mantiene relativamente estable y los dos padres pasan más tiempo con sus hijos, los niños son igualmente felices sin importar lo pobre que sea su familia.

Es necesario fomentar la comunicación familiar, y los padres deben buscar actividades en la cuales puedan compartir tiempo diariamente con sus hijos.

Parece que reunirse en la mesa es el mejor plan que se puede hacer cada día en familia. Aunque cueste conciliar los horarios es importante buscar un tiempo al acabar la jornada para conversar de lo que cada uno ha hecho durante el día.

Animo!

Adolescentes en la red

Uno de cada tres adolescentes contacta con desconocidos a través de
internet, de forma mayoritaria en las redes sociales. Sin embargo, un 30%
dice estar preocupado por este mismo hecho, ya que lo califica de ‘actitud
de riesgo’. Por distribución territorial, los jóvenes catalanes son los más
atrevidos a la hora de contactar con desconocidos (50%) y los valencianos
son los más precavidos.
Tanto padres como hijos perciben el contactar con gente desconocida como la
principal amenaza de la red para los jóvenes, seguido por el ser afectado
por virus y por sufrir pérdidas de información de algún tipo. Las chicas son
un poco más atrevidas a la hora de aceptar contactos no conocidos (68%),
aunque la diferencia es sólo de un punto porcentual con los varones (87%).
Éstas son algunas de las conclusiones extraídas de la encuesta realizada por
Panda Security entre enero y mayo de 2010, con una muestra de 2.510 adultos
y 2.000 menores. El estudio sondeó a padres con hijos con edades
comprendidas entre los ocho y los 18 años y a jóvenes de 10 a 20 años.
El 99% de los jóvenes encuestados, entre 10 y 20 años, afirman utilizar
alguna de las redes sociales más populares. Por su parte, sólo el 47% de los
padres tiene conocimiento de que sus hijos formen parte de estos sitios de
encuentro en la red, pero en muchos casos desconocen a cuál pertenecen y
cuáles son sus perfiles.
La sensación de seguridad es generalizada, tanto para padres (el 72% afirma
saber cómo estar protegido) como para menores (el 83% afirma sentirse seguro
en la red). Sólo el 44% afirma haber sido enseñado sobre cómo utilizar
internet de forma segura, lo que contrasta con las afirmaciones de los
padres, ya que el 79% dice haber hablado de seguridad con sus hijos.
Las principales preocupaciones de los padres es que sus hijos se pongan en
contacto con desconocidos en la red (39%), que accedan a información
inapropiada (37%) y que puedan sufrir ciberbulling (22%).
Los media de conexión a internet de los menores es de tres veces a la
semana. De manera principal, utilizan las redes sociales, aunque también le
sigue de cerca la búsqueda de información para hacer los deberes, chatear,
leer información y chequear el correo electrónico. Los jóvenes, por su
parte, se conectan todos los días para chatear y contactar con gente en la
red.
Los autores de la encuesta admiten que las redes sociales están cada vez más
de moda, son divertidas y suponen una herramienta de socialización. Pero
entraña una serie de riesgos que no se pueden ignorar. Por ejemplo, la
privacidad e integridad, que depende de la concienciación y educación en
seguridad de los menores.
También la seguridad, porque gracias a su popularidad, las redes sociales se
han convertido en blanco de los hackers, que pueden atacarlas de dos
maneras: utilizándolas para distribuir sus creaciones o hackeando las bases
de datos y aprovechando vulnerabilidades de las propias plataformas para la
obtención de datos privados y su posterior explotación.
La suplantación de identidad es otros de los riesgos que se corren, sin
olvidar que se está exponiendo la vida privada en la red y se pueden poner
los datos personales al descubierto.

Octubre, 2010

Cuánto cuesta tener un hijo

Hace unos días, La Sexta emitió un reportaje sobre lo que cuesta nacer y morir. Me he quedado anonada viendo el programa acerca de lo que necesita un bebé.
Muchos padres primerizos o personas que estén pensando en ser padres y no tengan ni idea acerca de lo que necesita un bebé por la inexperiencia o ingenuidad seguramente se han hecho una idea totalmente errónea acerca de lo que necesitan y el dinero que cuesta.

Según este programa nacer cuesta 16.350 euros!!
Ami hija no le falta de nada de hecho es que estrena ropa casi cada día y el día 30 va a cumplir 6 meses y en todo este tiempo que lleva nacida ni desde que empezamos a comprar todo lo que necesitaba nos hemos gastado semejante cifra y me parece una burrada que digan que para traer a un niño al mundo se necesiten 16350 euros!! Normal que baje la natalidad con programas como estos.

Es mas, ha salido en el reportaje una pareja que se han gastado 4.500 euros en los muebles de la habitación del bebé, se han comprado dos carros por que no se ponían de acuerdo, una cesta de 50 y no se cuantos euros… Un peluche de ciento y pico de euros… y un sin fin de estupideces que en cualquier tienda de bebés que se encuentran en centros comerciales esta a mita de ese precio.

No por comprar lo mas caro tu hijo va a estar mas cuidado, más querido o va a ser mejor persona y por supuesto ni de buena calidad.
Me parece estupendo que quien lo tenga que se lo gaste, ya me gustaría a mí comprarle bodys de 100 euros y no de 7 euros. Pero con un reportaje así quita las ganas de tener un hijo a cualquiera.

Todos en nuestra ignorancia compramos cosas que luego son inútiles. Pero es totalmente erróneo que lo caro es lo mejor. Como os decía mi hija no le falta de nada y precisamente las cosas que tiene no son de mala calidad.

No es necesario gastarse 400 euros en una cuna porque realmente lo que importa e tener un buen colchón y un buen colchón se tiene por 30 euros que es lo que me gaste yo en el mío buscando y rebuscando por muchas tiendas.

Hay muchísimas cosas que compramos pensando que son necesarias o simplemente por que nos encaprichamos y las cogemos, cuánta ropa guardada sin estrenar? Cuántos biberones sin apenas usar? Cuántos bodys, calcetines, pijama…puestos una sola vez? Cuántas mantas sin saber donde guardar? Cuántos juguetes que no les hace ni caso?

No os dejéis engañar de lo que el mercado os mete por los ojos que es necesario, porque en realidad no necesitan tantas cosas como nos lo quieren pintar.

Ni las mejores marcas dan las mejores prestaciones.

Considero que he sido una madre primeriza con los pies en la tierra a la hora de comprar, (también la mala economía hace que hagas magia y consigas gangas) pero con todo y eso, tengo cosas inútiles o sin estrenar.

Nos anticipamos a lo que creemos que va a ser necesario por el bien de nuestros hijos, pero realmente el día a día lo hacen con las mismas “4 cosas” de siempre.

Antes de nacer ya tenemos que si cuna de viaje, miles de jabones, tropecientos zapatos…. cuando a lo mejor no vamos a viajar asta dentro de 6-9 meses o incluso nunca!!

La clave para no cometer estos errores, es hacer una lista con cosas realmente imprescindibles y después ya con el día a día ver lo que se nos hace necesario para ir y comprarlo y comparar precios!!

Pero vuelvo a decir que no todo lo caro sale bueno ni todo lo que nos venden es necesario. Y un bebé pide poco; tiempo, amor, alimento, ropa y mucha dedicación.

Una madre anónima

Niños de cristal

La vida es un continuo reto lleno de dificultades en el camino. Enseñar a los niños a afrontar las adversidades de la vida es una tarea primordial de padres y educadores, porque, ya desde pequeños, gozan de una gran capacidad de adaptación y asimilación. Con este fin, educar a los pequeños para asumir con entereza las situaciones difíciles que su existencia les pueda deparar, el psicólogo y pedagogo Javier Urra ha sacado una nueva obra al mercado. Bajo el esclarecedor título ‘Fortalece a tu hijo’ (Planeta), el que fuera primer Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid aboga por educar a los pequeños «para que sean dúctiles, elásticos, como una pelota de goma que choca contra el suelo, se deforma y luego vuelve a su ser».

Urra, que con anterioridad publicó ‘El pequeño dictador’, se aleja de «esta sociedad algodonosa y muy sobreprotectora que está haciendo niños de cristal, que por un lado son muy duros pero por otro son muy frágiles». Su tesis reside en que «es esencial que los niños aprendan que somos vulnerables, pero que podemos rehacernos y superar las situaciones difíciles», argumenta. Para impregnarlos de esta posibilidad, el experto mantiene que hay que educar desde corta edad a los niños para que en el futuro encaren las dificultades, e incluso las tragedias, que puedan encontrarse. Por ejemplo, la muerte de un ser querido. «Desde pequeños -dice- es bueno que tengan una mascota, para que sepan que hay que cuidarla pero que algún día muere y no se puede cambiar por otra. Aprenden así que el amor sufre».

A su juicio, los niños «tienen que aprender a ocuparse, no a preocuparse. Tienen que ser creativos, tenemos que enseñarles a ser flexibles, elásticos y algo esencial es que acepten la frustración. Tienen que saber perdonar y perdonarse, y es esencial el vínculo a la familia y a los amigos. Luego, la vida nos va a abofetear seguro, pero en la vida hay que dar solución a los problemas, que no esperen que los problemas vienen resueltos desde fuera».
Ya desde pequeños deben aprender que «el deber es una necesidad, el muscular la voluntad, el disciplinarse». En definitiva, «fortalecer a un hijo para que cuando las cosas vengan mal no sea como un cristal que se rompe, sino que sean más elásticos». Urra es tozudamente contrario a ‘dejar hacer’ a los niños lo que quieran. «Es un sistema horroroso. Hoy en día, por los procesos de separación o por sentido de culpabilidad de los padres que dedican pocas horas a los hijos, se les deja que hagan lo que quieran y cuando quieran». Con ello, arguye, lo que se consigue es hacer del niño «un ‘blandiblú’, convertirlo en absolutamente blando cuando la vida hay que mirarla de cara».
Confirma Urra su opinión de que las adversidades pueden jugar un papel positivo en la vida. «A veces la adversidad te curte, incluso valoras más algunos aspectos esenciales de la vida». Y además de fortalecer a los niños para las posibles dificultades que enfrenten, aboga por educarlos en «la compasión, en el perdón y en perdonarse a uno mismo».