La felicidad de los niños

Según una encuesta elaborada por la Fundación Nacional para la Investigación Educativa (National Foundation for Educational Research), los niños más felices son aquellos que comen con sus padres.

La encuesta fue realizada entre niños de 10 y 15 años y en ella se les pregunto si estaban de acuerdo, en desacuerdo o si se sentían inseguros sobre la siguiente declaración: “Yo soy feliz en este momento con mi vida”.

Las respuestas reflejaron que los niños dicen ser más felices si tiene la oportunidad de hablar con sus padres acerca de sus preocupaciones. El segundo factor de felicidad es si tienen uno o dos buenos amigos. Los niños que tienen una dieta balanceada y que con frecuencia suelen sentarse a comer con su familia también tienen más probabilidades (1,6 veces más) de decir que son felices.

También encontraron que la situación económica no influye en la felicidad de los niños. Si la vida familiar se mantiene relativamente estable y los dos padres pasan más tiempo con sus hijos, los niños son igualmente felices sin importar lo pobre que sea su familia.

Es necesario fomentar la comunicación familiar, y los padres deben buscar actividades en la cuales puedan compartir tiempo diariamente con sus hijos.

Parece que reunirse en la mesa es el mejor plan que se puede hacer cada día en familia. Aunque cueste conciliar los horarios es importante buscar un tiempo al acabar la jornada para conversar de lo que cada uno ha hecho durante el día.

Animo!

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Mujer, madre, compañera, amiga, …

¿Quién no ha pensado alguna vez?: “¡vaya mierda de ser mujer! no tiene ningún beneficio porque todo son complicaciones: hormonas que te alteran mensualmente tu estado de ánimo, depilación constante, periodo menstrual, extrema sensibilidad, instinto maternal, críticas constantes de los hombres y también de las mujeres, demasiadas exigencias, responsabilidades, ser buena hija, la mejor pareja, la más madre… una de las cosas buenas que tiene es la posibilidad de ser madre, y si encima no puedes y no tienes hijos…
Es difícil disfrutar de ser mujer hoy en día, porque una tiene que ser demasiadas cosas que van en contra de nuestra propia naturaleza: dura, rígida, sin mostrar demasiados sentimientos, ser independiente, competitiva, ambiciosa, y hacer otras tantas que no están en consonancia con nuestro ser, pelear, separar, destruir, afrontar los problemas sin dejarte afectar … En fin, un mundo hecho para “anti-personas”, bastante difícil de vivir por una mujer, que su condición femenina se superpone y que lucha por no ser anulada.

Pero a pesar de todo, estoy convencida que SER mujer es uno de los mayores privilegios que una persona puede vivir. Ser mujer, sentir como mujer. Ser sensible a todo lo que ocurre a tu alrededor, sentir cada detalle, cada instante como algo parte de ti. Escuchar a tu cuerpo dialogando con tu mente, que le hace cambiar en cada día del mes. La influencia de la luna, de la noche y el día, del viento, la humedad, el frío y el calor… La capacidad de cuidar y de escuchar innata que nos permite crear grupo, familia y comunidad. La intuición ante el peligro o situaciones que no van a resolverse bien. Nuestro olfato y oído atentos al descuido. Tener el instinto femenino para saber tomar decisiones acertadas.
Ser mujer es ser “la reina” de la casa, la que organiza, controla, cuida, escucha, atiende, intuye, espera, apoya, sostiene… y a la vez es ser “la princesa”, la que necesita que la cuiden, que le presten atención, que la escuchen, que le respeten, que le dejen llorar, que ríe, baila, canta y la que es capaz de expresar sus sentimientos de forma creativa.

Las mujeres hoy, tenemos mucha presión para dejar de serlo y convertirnos en personas sin género, sin sexo, sin identidad. Esta presión es tanto por parte de los hombres como por parte de las mujeres. Por ello, hoy, día dedicado a la mujer, es importante que aquellas que lo somos nos sintamos orgullosas de serlo, de aceptarnos tal y como somos y de disfrutar de esta especial identidad que la vida nos ha procurado. Cuando estoy perdida y no sé quien soy, pienso: soy MUJER.

Para Carolina, con cariño.

Gracias, Pilar

Hoy más que nunca, su futuro en tus manos

“Su mañana es hoy”. Es decir, si hoy no tienen ayuda, no llegarán a mañana, no tendrán futuro.

Cada hora mueren más de 1.000 menores de cinco años por causas que se podrían evitar fácilmente; y cada minuto mueren 9 por la desnutrición.

Hay que tener un corazón muy duro para permanecer indiferente sabiendo que 11 millones de niños mueren cada año.

Es imprescindible una sensibilización personal y colectiva de la responsabilidad de la solidaridad y de que ésta salva vidas.

Los datos son escalofriantes. El 70% de los menores que mueren cada año fallece a causa de seis trastornos: diarrea, malaria, neumonía, infecciones neonatales, parto prematuro y falta de oxígeno al nacer. Además, la mitad de las muertes tiene su origen en la desnutrición, a veces durante generaciones, de la madre y los niños, la falta de agua limpia y la carencia de saneamiento adecuado. Es decir, causas que se podrían evitar fácilmente.

Es fundamental apoyar en la agricultura, de manera que ellos mismos produzcan alimentos para su autoabastecimiento. También, añade, facilitar agua potable y saneamiento y que se forme a las madres en cuestiones de higiene para evitar enfermedades.
Las cifras constituyen un auténtico escándalo, máxime si se tiene en cuenta que el 20% de la población mundial está disfrutando del 80% de los recursos, la explotación histórica del Sur por países y empresas del Norte y las desiguales relaciones comerciales que siguen ahogando a estos países y a sus comunidades.

No podemos quedarnos indiferentes ni cerrar los ojos, no es humano. Tenemos que ser un grito de los que no tienen voz y dar una respuesta personal y colectiva. Con crisis o sin ella. Es cierto que la crisis nos afecta también aquí y hay pobreza, pero a los países empobrecidos aún más.
PMo se trata de dar sólo de lo que nos sobra, sino lo que es justo; lo que tenemos sigue siendo demasiado en comparación con lo que a ellos les falta.

Gracias a Elena y Maite

Atajar de raiz o comenzar por las ramas

Se cuenta que en el parque de cierto pueblo se hizo necesario tumbar un enorme roble, al que le había caído una extraña plaga que lo convertía en un verdadero peligro público, temiendo se cayera o contagiara a los demás árboles.

Se hizo todo lo posible por salvarlo. Los vecinos estaban muy tristes ante su impotencia. No es fácil definir la causa de un problema, y no menos fácil es tomar la decisión de solucionarlo.

Una mañana llegaron los obreros con sierras automáticas y hachas. Todos se congregaron en la plaza para presenciar el derrumbe del viejo árbol, excitados ante el inmenso estrépito que produciría su caída. Todos suponían que los hombres empezarían cortando el gigantesco tronco principal por el sitio más pegado al suelo. Pero fue todo lo contrario. Colocaron escaleras y comenzaron podando las ramas más altas.

Y así, desde arriba hacia abajo, fueron cortando desde las más pequeñas hasta las más grandes ramas, quedando al final tan sólo el tronco central. Un rato después, aquel poderoso roble se encontraba en el suelo, cuidadosamente cortado a pedazos. El sol cubría esplendoroso el centro del parque. Ya no había sombra: era como si nunca hubiera estado allí, era como si no hubiera tardado más de medio siglo en crecer….

Uno de los obreros explicó que de haber cortado el árbol cerca de la tierra y antes de quitar las ramas, se hubiera vuelto incontrolable, produciendo grandes destrozos en su caída. Es más fácil manejar un árbol cuanto más pequeño se le hace.


Podando primero los pequeños obstáculos tendremos que ir llegando al tronco principal de nuestras preocupaciones. Quitar primero las ramas una a una. Ocuparnos, sin preocuparnos. Reconocer nuestros errores. Tener el valor de enfrentarlos. Establecer las prioridades. Tener claros los objetivos en la vida. Librarnos poco a poco de todo el peso que nos impide trabajar, crecer, disfrutar, vivir.
Ardua tarea, sí, pero creo que muy necesaria.

Cuando los hijos se van

“La mujer está en la política, en la ciencia, en la comunicación, pero su esencia de mujer no la ha de perder así como tampoco su ternura, su sensibilidad y el percibir las cosas de manera diferente al hombre. Esto tiene relación con el hecho de cómo sentimos las madres cuando los hijos se van. Los padres lo asumen de distinta manera y las horas fuera del hogar los distraen y los confortan.

Las mujeres cuando nos convertimos en madres, pasamos por etapas diferentes: la espera, los hijos pequeños, los hijos en la adolescencia, los hijos jóvenes y cuando los hijos se van. Suena esto a título de película, pero esto es lo que en estos momentos nos ocupa y atañe. Cuando los hijos se van.

Los hijos se van por diferentes motivos. Porque se casan, por el trabajo, por lo estudios, en fin, por el motivo que sea, pero llega un tiempo en que se van. Parece que aún oímos las risas, las conversaciones, las discusiones, el teclear de la máquina de escribir o de la computadora ya muy entrada la noche para entregar un trabajo al día siguiente en la Universidad. Un suéter, un zapato, varios cuadernos dejados en el sitio más inverosímil de la casa… Sus habitaciones no con el orden que hubiésemos deseado y que siempre pedimos inútilmente, el retrato del novio o de la novia… Calor y color por todas partes, ruido, música, VIDA.

La casa tuvo las habitaciones destinadas a ellos y se fueron transformando con el paso de los años. Cuartos infantiles primero: muñecos de peluche en las repisas y en el suelo, un elefante, una avestruz, una pelota, un barco, un osito, una muñeca, un avión. Después… fotografías, póster, banderines del equipo favorito, libros, revistas, etcétera. Movimiento de entradas y salidas, llamadas telefónicas de larguísimas conversaciones… En los fines de semana el vestido de noche sobre una silla y el silencio de un profundo sueño juvenil en las mañanas de los domingos.

Esos cuartos ahora están vacíos. Muy en orden, con el orden que tantas veces predicamos y que ahora nos duele. Quietos, callados. Entramos en ellos con pasos quedos, quién sabe por qué y recorremos con la vista las camas con sus colchas impecables, todos los rincones… todo está en orden, todo está bien. Levantaron el vuelo. Se fueron del nido. Se fueron del nido que los cobijó por años. Nosotros, sus padres, los enseñamos a volar y se fueron.

Van a volver pero nada será igual. Regresarán hombres y mujeres forjados en el diario vivir. Con sus vidas propias y manejadas a su manera. Están comenzando la más seria y profunda experiencia, igual que nosotros lo hicimos.

Tenemos que retirarnos de la presencia activa en sus vidas y pasar a ser la parte contemplativa de sus existencias y sus proyectos. Se han ido con un equipaje, lleno de todo aquello que con amor les fuimos transmitiendo, en su corazón y en su mente. Muchas de “esas cosas” estarán dormidas hasta que ellos sean padres… Llevan como escudo, para todos los infortunios que la vida les depare, su fe en Dios y su amor a Él. Los forjamos en el deber y en el afán de la excelencia para emprender toda clase de experiencias y sabrán dar amor porque amor les dimos.

En el abrazo se llevan nuestro corazón, pero después abrimos los brazos y los vemos partir…para que la VIDA los reciba.

Los recuerdos son de otros tiempos. La nostalgia es el presente de los cuartos vacíos.”

Gracias Esther

Nos importa lo importante?

Hubo una vez un barquero que llevaba gente de un lado a otro de un gran río, y un día subió un sabiondo que empezó a increparle diciéndole:
– Conoces las matemáticas?
– No – contestó el barquero.
– Has perdido una cuarta parte de tu vida. Y la astronomía?
– Eso se come o qué? – contestó.
– Has perdido dos cuartas partes de tu vida.
– Y la astrología?
– Tampoco – dijo el barquero.
– Desgraciado, has perdido tres cuartas partes de tu vida!
En aquel momento la barca se hundió, y viéndo que se lo llevaba la corriente, le dijo el barquero:
– Eh, sabio!, sabes nadar?
– No! – contestó desesperado.
– Pues has perdido las cuatro cuartas partes de tu vida, toda tu vida!

Para quien va por un río, lo importante no es saber tantas cosas sino saber nadar. Las cosas esenciales de la vida, muchas veces olvidadas, son saber quién soy, de dónde vengo, a dónde voy, y con todo, descubrir el sentido de Dios; que va con nosotros y también es un importante salvavidas.
Ya dice el refrán que al final de la vida el que se salva sabe y el que no, no sabe nada.

El ombligo esencial

Cuentan de una araña que se dejó caer por uno de sus hilos desde un árbol, para anclar los soportes alrededor de una rama y tejer su telaraña, esa malla que va engrandeciéndose con sucesivas vueltas, hasta completar su obra. Entonces, paseándose por su territorio, orgullosa de su realización, mira el hilo de arriba y dice: “éste es feo, vamos a cortarlo”, olvidando que era el hilo por donde empezó todo, el que sustentaba todo. Al cortarlo, la araña desmemoriada cayó enredada en su red, prisionera de su obra.

Hago una reflexión para verme a mi mismo en el caminar por la vida, y veo que a veces nos olvidamos de lo esencial mientras nos miramos el ombligo encerrados en nuestro cavilar, sin caer en la cuenta de que es la obra por la que se tejieron nuestras vidas.