Mueren miles de bebés a causa de la pobreza

A principios de enero de 2012, una de las noticias más alarmantes fue la denuncia de fuentes humanitarias de Pakistán sobre el asesinato de más de mil bebes por sus propias familias a causa de la pobreza.

Según la organización caritativa de Naciones Unidas, Edhi Foundation, en la última decada han aumentado en un 100% las muertes de bebes, en su mayoría niñas. En estos países las niñas representan una carga para la familia, pues deben pagar dotes para conseguirles matrimonio.

Los países de extrema pobreza pasan por este tipo de situaciones debido a la falta de recursos que tienen las familias para poder susbsitir. Sin embargo, es necesario hacer énfasis en que la solución no es la imposición de métodos de control natal ni la aprobación del aborto para solucionar los problemas económicos; como en el caso de la India, en dónde cada vez es más utilizado el aborto (sobre todo en bebes de sexo femenino).

Tanto el aborto como el asesinato de bebes recién nacidos es un problema que estos países deben atacar en conjunto, pues en ambos casos se está vulnerando la vida humana. La solución a la pobreza no es eliminar seres humanos. El que millones de familias sufran porblemas socioeconómicos no esta ligado con los índices de natalidad, sino con el desquilibro social y económico que impera en el mundo. Las familias deben tener mayor acceso a fuentes de trabajo y los recursos deben ser distribuidos equitativamente, pues el problema no es la falta de los mismos si no la incapacidad de saber utilizarlos, brindado oportunidades equitativas a todos.

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Buen programa para un buen padre que quiere sacar un buen hijo

Puede ser provechoso para los padres conocer el decálogo del buen padre, expresado en estos mandamientos:

1. Amarás a tu hijo con todo tu corazón, alma y fuerzas, pero sabiamente con tu cerebro.
2. Verás en tu hijo una persona, y no un objeto de tu pertenencia.
3. No le exigirás amor y respeto, sino que tratarás de ganártelos.
4. Cada vez que sus actos te hagan perder la paciencia, traerás a la memoria los tuyos, cuando tenías su edad.
5. Recuerda que tu ejemplo será más elocuente que el mejor de tus sermones.
6. Piensa que tu hijo ve en ti un ser superior; no lo desilusiones.
7. Serás en el camino de su vida una señal que le impedirá tomar rumbos equivocados, de los cuales difícilmente se vuelve.
8. Le enseñarás a admirar la belleza, a practicar el bien y a amar la verdad.
9. Brindarás atención a sus problemas cuando él considere que puedes ayudar a solucionarlos.
10. Le enseñarás con tu palabra y con tu ejemplo a amar a Dios sobre todas las cosas.

La pobreza existe y crece en España

(EP) Se utiliza el indicador europeo AROPE (At Risk Of Poverty and/or Exclusion) para medir el grado de pobreza y exclusión en España y concluye que en 2010, más de once millones y medio de personas en España, un 25,5 por ciento de la población, se encontraban en esta situación frente a los 10,6 millones identificados en el año 2009.
“La diferencias entre los datos de 2009 y 2010 muestran un avance claro de la pobreza y la exclusión social, que las medidas y estrategias no han logrado detener, menos aún disminuir”, explica EAPN Madrid, para incidir en que “este aumento de personas en riesgo de pobreza y exclusión social es un indicador de las desastrosas consecuencias que la crisis está teniendo en el bienestar de la ciudadanía”.
Por comunidades autónomas, es Extremadura la que registra una tasa más alta, con un 41,5 por ciento de sus ciudadanos al borde de la pobreza y la exclusión, y un incremento del tres por ciento entre 2009 y 2010. En Melilla, está en esta situación el 37,3 por ciento de los ciudadanos (3% menos que en 2009) y en Ceuta, la tasa se mantiene estable en el 37,7%.
Le siguen Murcia, que registra un 36,1% y un aumento del 4% en un año; Andalucía, con un 35,9 por ciento (2,9% más); Canarias, donde el 35,3 por ciento de los habitantes está en riesgo de pobreza y exclusión; Castilla-La Mancha, 30,9% (0,7% más); Comunidad Valenciana, con un 26,3% (4% más) y Baleares, con 25,8% (2% más).
Por debajo de la media nacional se encuentran Galicia (22%), Asturias (18,8%), Cantabria (19,6%), País Vasco (15,6%), Navarra (9,7%), La Rioja (24,9%), Aragón (15,9%), Madrid (18,1%), Castilla y León (24,6%) y Cataluña (19,8%).
La organización recuerda que en mayo de 2010, España se propuso llegar a una cifra comprendida entre 9,1 y 9,2 millones de personas en riesgo de pobreza y exclusión, reduciendo en un millón y medio en el período 2009-2019 el volumen de ciudadanos afectados, y, sin embargo, se produjo un aumento precisamente de un millón de personas.
Por eso, EAPN Madrid pone el acento en la necesidad de acometer “una profunda transformación de las políticas sociales en España” para lograr los objetivos de reducción de la pobreza y combatir los efectos más negativos de la situación económica, así como de poner en marcha una estrategia “que aborde las desigualdades existentes entre las distintas comunidades y ciudades autónomas”.

El amor existe

La historia del naufragio del barco Costa Concordia, con 4.200 personas a bordo, ante las costas de la isla de Giglio en Italia, junto a tantos ejemplos de lo que es la frágil naturaleza humana, -un capitán que, según lo que hasta el momento ha trascendido, después de tomar la errónea decisión de acercarse demasiado a tierra poniendo en peligro el barco que comandaba, se cuenta luego entre los primeros en abandonarlo para ponerse a salvo-, recoge también la bella historia de amor de una pareja felizmente casada, él, Francis Servel, setenta y dos años, ella, Nicole, su esposa, sesenta, donde él sacrificó su vida para que la mujer de su vida pudiera salvarla.

Se da la circunstancia de que el crucero era precisamente un regalo de los hijos por su aniversario de bodas.

Parece ser que producida la colisión que provocó el vuelco del gigantesco trasatlántico, la pareja, que había dejado pasar por delante en las embarcaciones de salvamento a todos las personas más jóvenes que ellos, se vio al final sin barca en la que ponerse a salvo y ante la única tesitura de saltar al agua para salvar la vida. Por alguna circunstancia desgraciada, parece ser que se encontraron ante un solo equipo de salvamento, que era el que tenía Francis, el cual no dudó un momento en entregárselo a su esposa, que no sabía nadar, tirándose al agua para que ella no pudiera negarse a utilizarlo.

Tras luchar una hora contra el mar, ella, provista del equipo de salvamento, consiguió alcanzar la costa y salvarse. El, en cambio, a pesar de pertenecer a una extensa familia de marinos siendo él el único que no lo era, debió de sucumbir contra el frío, y tal vez también contra el agua, pues padecía un mal de espalda que probablemente le impidió luchar contra el líquido elemento durante mucho tiempo.

Una bella historia de amor. Una pareja que permanece unida toda una vida, que celebra con todo el amor tantos años de matrimonio (no les puedo decir cuántos, sí puedo decirles que tienen dos hijos, Edwige y Eric, y nietos, por lo tanto varias décadas), y en la que, finalmente, uno da la vida para salvar al otro.

Digan lo que digan quienes lo digan, el amor existe. El amor para toda la vida, el que no es sólo fruto de un momento de pasión y es capaz de entregarlo todo por el otro hasta la vida, existe. Capaz de todo cuando recién nace entre las brumas de la pasión, pero capaz de todo también, si no de más, hasta de dar la vida como lo ha hecho Francis, después de toda una vida de madurar, crecer, y como el mejor vino, reposar y envejecer.

Gracias, Martin.

ViDa

Hoy tuve la alegría de tener entre mis brazos a una niña recién nacida. Cinco días tenía en el mundo, fuera de su madre esa preciosa criatura; sus padres adoptivos le pondrán “Victoria Daniela”, es decir “ViDa”. Han esperado con ansia el momento y por fin hoy por la tarde les fue entregada. Los primeros cinco días fuera del seno materno corrieron a cargo de una generosa familia con cinco hijos. Cuando miraba a la niña de diez años que cargaba y atendía a la bebé, a la abuela de la familia que se inventaba un pretexto para aparecerse y bañar a la niña, aprovechando al máximo los momentos que restaban a cargo de la criatura, multitud de pensamientos se agolpaban y confundían en mi mente: ¡qué bella es la familia!, ¡qué hermosa es la vida! -en ambos sentidos-… y ¡qué oscuridad la de aquellos que ciegamente se oponen a ella!, un auténtico eclipse, más aún, una noche de la razón, de humanidad.

Al ver a esa niña o a esa abuela con la bebé prestada en los brazos, me preguntaba: ¿quién se atreverá a afirmar que la vida es una carga, un castigo? Al imaginarme la ilusión de la pareja adoptante, que unen al gozo de contar con un hijo, que acaso la naturaleza les ha negado, el saber que han salvado de la muerte y han ofrecido una vida digna a tan bella criatura, pensaba: ¡vale la pena luchar por la vida!

Soy consciente de que no todos piensan así, vivimos en una sociedad pluralista, caben todas las posiciones, todas se deben respetar -quisiera que por lo menos los que no piensan como yo respetaran la mía-, pero al ver a Victoria Daniela no podía evitar cuestionarme: ¿es esto bueno o malo?, ¿es bueno que algunos sostengan que no debería haber vivido?, ¿que probablemente se hizo presión a la madre que originalmente deseaba abortar?, ¿que el valor absoluto es la libertad y, por lo tanto, lo que decida la madre debe respetarse y nadie debería objetar nada?

O que se trataba de una compra que hacen familias ricas de niños pobres; mejor sería impedirle vivir a los pobres, es decir, negarles la posibilidad de vivir como ricos, y otras tantas falacias propias del resentimiento social. Al sentir su calor en mis brazos, al ver sus ojitos abrirse y cerrarse, su boquita bostezar, y la ilusión con la que era cuidada por la familia intermediaria, no podía dejar de pensar que todo eso eran discusiones bizantinas, juegos del lenguaje, agudezas, pero no la simple, llana, y sencilla realidad.

Alguien -seguramente pesimista- podría objetar que mi cuadro responde a la historia con final feliz, pero que no todas las historias son así; también hay historias de terror. Alguien podría presentar otro escenario: mujeres metiéndose ganchos en condiciones antihigiénicas y desangrándose inútilmente, muriendo en el acto mismo de asesinar a sus hijos, ¿puede imaginarse algo más dantesco?

Mujeres violentadas, condenadas a vivir con oprobio, obligadas a cargar físicamente durante nueve meses, con recuerdos traumáticos que quisieran olvidar; familias que ven mellado su buen nombre, etc. En ese caso el inhumano, machista, opresor de la mujer, sería yo. Pero, ¿no es Victoria Daniela una mujer?, ¿no podrá llegar tal vez, el día de mañana, a ser una gran mujer?

Noche de la razón que equivale a pobreza de ingenio, a ceguera ideológica que hace violencia a la realidad. Es verdad, caben las dos posibilidades, pero, ¿no tenemos, sea por dádiva divina o como producto de la evolución, la luz de la razón? ¿No podemos intentar ofrecer mejores soluciones?, las más humanas, las más acordes con la dignidad de la persona.

¿Por qué ofrecer la tentación -facilitarla- de acabar con todo y por la vía más rápida, más cómoda, más irreflexiva? ¿Es el aborto una manera humana de solucionar los problemas? ¿No se merece esa incipiente vida, que quiéranlo o no llevan adentro, otra posibilidad, buscar otra solución? Y, sobre todo, ¿quiénes somos nosotros para decidir quién debe vivir y quién no?, ¿se debe respetar al hombre sólo si está en los planes de sus padres?

La realidad humana es compleja, nadie lo niega; lo que me cuestiono es la racionalidad de cortar por lo sano y cauterizar la conciencia diciendo que es algo “legal”, lo que a la postre confunde y deforma al colectivo social.

La falacia de que “nadie las obliga a hacerlo” pone la decisión de quién debe vivir y quién no en personas que, o han demostrado su inmadurez, o están sufriendo un fuerte shock emocional y, en muchas ocasiones, son menores de edad. ¿Cabe mayor absurdo?

La solución de la “historia feliz” es creativa al tiempo que laboriosa, muestra un profundo compromiso social y una solidaridad que no se queda en teoría, sino que se encarna en Victoria Daniela.

Además, como el problema es más profundo, no se limitan a ayudar a parir: se da educación a las madres, se les ofrece albergue donde pueden, si lo desean, permanecer sin que nadie las vea embarazadas; se les da atención psicológica, etc. Es decir, se utiliza la razón.

Muchas gracias, Mario.

Quien soy

El mejor momento del día para mi es cuando consigo hablar con otra persona de mí y el otro de sí mismo. Ese momento es especial, es único y no es sustituible por nada.
Cuántas conversaciones típicas tenemos al día cuando nos encontramos con alguien y le preguntamos qué tal está, cómo le va… y nos responde: “Bien, bien”, o terminas hablando del tiempo que hace o incluso de alguna noticia acontecida en el día. Tenemos la certeza de que esa conversación no va a durar más de dos minutos y que es absolutamente protocolaria.
No hay nada más insatisfactorio que estando con algún amigo termines hablando de otros, es decir, aquella conversación en la que no revelamos nada de nosotros mismos y nos ponemos a hablar de otras personas, de lo que les ha pasado, han dicho o hayan hecho. Esto también es bastante común en aquella conversación que dura al menos media hora, en el desayuno, tomando unas cañas con amigos, en un salida por la noche…

Pero cuando hablo de mí, exponiendo mi opinión, mis ideas y mis sentimientos es cuando realmente se produce una conexión con el otro. En ese preciso instante hablas de tu realidad, de tu experiencia, de lo que sientes y es un lugar privilegiado y único, ya que nadie puede rebatirte, nadie puede contradecirte, nadie puede hablar por ti.

Pensamos que compartir qué pienso o siento realmente va a ser perjudicial para la relación y es al contrario, nos une más al otro. Esta es la comunicación más auténtica, aceptándonos tal y como somos, y aceptando al otro tal y como es.

Hace tiempo que escribí una entrada titulada “¿Por qué temo decirte quién soy? “. Es el título de un libro de John Powell que leí hace ya mucho tiempo y que hoy aún me sigo haciendo esta pregunta.
Temo decirte quién soy porque si te digo quién soy, puede que no te guste cómo soy, y eso es todo lo que tengo.

Gracias, Pilar.

Adolescentes

Cuando aún son niños, los padres obtenemos de nuestros hijos lo que queremos y somos capaces de mantenerlos bajo control y organizar sus vidas. Todo ello sin gran esfuerzo y sin pensar demasiado en la manera de como hacemos, dejándonos llevar también por las experiencias previas vividas junto a nuestros progenitores.
Utilizamos métodos como la amenaza, el castigo y la manipulación (bien entendida), aquellos que parecen razonablemente simples, rápidos y eficaces porque los niños son muy susceptibles a ellos.

Pero cuando llegan a la adolescencia, las amenazas o los castigos ya no producen el efecto que esperamos o quisieramos que tuviese. La confianza y el respeto entre los padres y el adolescente suele faltar por diferencias de dos mundos encontrados, uno que cree en la razón ganada a pulso por la experiencia y otro que busca la ruptura con lo establecido y quiere la independencia de sus acciones sin control ni exigencias.

Creo firmemente que el ritmo que nos ahoga a los padres hace que no dispongamos de tiempo ni tranquilidad para influir en nuestros hijos cuando son pequeños. Todo aquello que no consigamos antes de la adolescencia, después no será posible.
No se trata de hacer con ellos los deberes (que para eso ya van al colegio), ni de llevarles de lado a lado actuando como transportistas en vez de padres, ni de satisfacer sus deseos o caprichos, ni de apuntales a todo tipo de actividades extra escolares, ni de ser implacables ante cualquier fechoría infantil, y tampoco de suplir nuestra falta de tiempo con regalos que tiranizan y se vuelven en contra.
Se trata de dedicación, de tiempo en escucharles y darles el ejemplo que necesitan. Tiempo, mucho tiempo. Que sepan que estamos cerca y que pueden contar con nosotros al igual que con sus amigos. A menudo nos volcamos en echar horas de trabajo, pasamos la mayor parte del tiempo ocupados en asuntos distintos a los familiares. Y es difícil y cuesta su esfuerzo, sí; pero será la única manera de evitar males mayores llegados a la temible adolescencia.

Mucho ánimo!