Hoy es un día único

Aunque nuestro cerebro ignora mucha información, sin duda absorbe, codifica y archiva palabras, gestos, hechos y decisiones de nuestro entorno. Y cuando esta noche cerremos los ojos, tal vez sin que nos demos cuenta, seremos un poco distintos de como nos levantamos esta mañana.
Vivir es un permanente ejercicio de interpretar la novedad. La novedad sin fin y casi sin sorpresa es uno de los grandes signos de nuestra época, que día tras día nos va moldeando opiniones, actitudes y decisiones, así va cambiando el mundo y nosotros.
Insistir en repetir a ultranza situaciones y criterios del pasado es negarse a aceptar que aquellas visiones, gestos y palabras que nos daban dicha seguridad fueron realidades que, con los días y los años, quedaron desgastadas por su permanente roce con la novedad.
Y es que cuando se queire recuperar lo que se perdió, primero es necesario asumir por qué sucedió.

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No desees al otro lo que no quieres para ti

Me pregunto si a los partidarios del aborto les hubiera gustado que las leyes que proponen sobre esta dramática cuestión se las hubiera aplicado a ellos cuando estaban en el seno materno. Sospecho que de ninguna manera. Desde muy antiguo, se ha afirmado de diversos modos que no hay que desear para otros lo que uno no quisiera para sí.

No necesito más argumentos para oponerme a las leyes que van en contra del respeto de la vida humana. Otra actitud me parece más bien hipócrita y perversa; además, no arregla el problema, lo agrava.

Nos preguntamos a veces cómo fue posible que muchos alemanes no rechazaran el holocausto, o allá donde haya tenido lugar algún tipo de genocidio. No se preguntarán lo mismo las generaciones venideras sobre el silencio, al recordar la complicidad de nuestra generación ante los millones de inocentes víctimas del aborto?