Cuentan de una araña que se dejó caer por uno de sus hilos desde un árbol, para anclar los soportes alrededor de una rama y tejer su telaraña, esa malla que va engrandeciéndose con sucesivas vueltas, hasta completar su obra. Entonces, paseándose por su territorio, orgullosa de su realización, mira el hilo de arriba y dice: “éste es feo, vamos a cortarlo”, olvidando que era el hilo por donde empezó todo, el que sustentaba todo. Al cortarlo, la araña desmemoriada cayó enredada en su red, prisionera de su obra.

Hago una reflexión para verme a mi mismo en el caminar por la vida, y veo que a veces nos olvidamos de lo esencial mientras nos miramos el ombligo encerrados en nuestro cavilar, sin caer en la cuenta de que es la obra por la que se tejieron nuestras vidas.

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