El Ministerio de Igualdad acompañado por el Instituto de la Mujer continúa dilapidando dinero destinado a la “realización de investigaciones relacionadas con estudios feministas, de las mujeres y del género”.
Entre las afortunadas subvenciones, destaca un proyecto para la “elaboración de un Mapa de Inervación y Excitación Sexual en Clítoris y Labios Menores; aplicación en Genitoplastia”…

Considerando que dicho estudio pudiese estar orientado a operaciones en caso de una ablación del clítoris, un cáncer o una mutilación y en el que parece participan doctores, catedráticos de hospitales y universidades prestigiosas; y por otra parte teniendo en cuenta cómo la sociedad está sobradamente informada respecto al sexo, se me antoja pensar en qué más podría gastarse el dinero de todos los españoles este Ministerio, de modo que manifestase su supuesta utilidad.

Puesto que existe un Ministerio semejante, sus responsables deberían darle la máxima importancia en materia de igualdad a la manera en la que se trata a la mujer en el ámbito social y mediático.
Estamos rodeados de mensajes sexualizados de los que parece para nada importar sus efectos a medio o largo plazo. Las imágenes donde el sexo es uno de los condimentos más utilizados para aderezar a la audiencia y los mensajes de los medios animando a un comportamiento sin conciencia de los resultados, bien pueden ser una amenaza sobre todo para los jóvenes.

Si nos detenemos ante cualquier espectáculo, serie de televisión o anuncio en los que niños y adolescentes están presentes, podemos comprobar como las mujeres son veneradas y recompensadas por sus atributos físicos, y tanto chicas como chicos se ven presionados a imitar estereotipos de género polarizados desde una edad cada vez más joven. Se induce a la sexualidad adulta a los niños y jóvenes antes de que sean capaces de afrontarla, mental, emocional y físicamente.

El uso de imágenes sexuales en los medios de comunicación no es precisamente un fenómeno reciente. No obstante, si nos detenemos a comparar con los últimos años podremos concluir en que se ha dado un aumento de su volumen sin precedentes. Además, los niños son presentados con mayor frecuencia como si fueran adultos, mientras que a las mujeres se las infantiliza, lo que lleva a difuminar las líneas entre madurez e inmadurez sexual y, en la práctica, legitima la noción de que los niños puedan ser tratados como objetos sexuales.
En los programas y series de mayor audiencia uno de los temas dominantes es que las chicas deberían presentarse como sexualmente deseables si quieren ser atractivas y aceptadas por los chicos. Esto está presente incluso para niñas más jóvenes, a las que se anima a vestir de forma que llamen la atención por sus atributos sexuales aunque todavía ni siquiera los hayan desarrollado.

Puesto que los niños reciben continuos mensajes para adecuarse a semejantes imágenes, uno de los resultados que ya podemos ver ocurriendo es el descontento con el propio cuerpo y una pobre autoestima que, a su vez, llegan a provocar depresión y desórdenes alimenticios. Junto a estos desórdenes como la anorexia, las mujeres jóvenes recurren en mayor número a la cirugía estética, bajo la presión de parecerse a una imagen idealizada, por no mencionar los casos en los que las menores de edad llevan a cabo éstas prácticas con el consentimiento incomprensible de sus padres.

La facilidad de acceso a internet, junto con el material enviado por correo electrónico y los teléfonos móviles con contenido explícitamente sexual, dan como resultado que sea difícil restringir que dicho contenido llegue a los jóvenes.
Es común encontrarse en las redes sociales como muchos adolescentes “cuelgan” imágenes sexualmente explícitas de sí mismos, acompañadas de lenguaje despectivo o degradante. Muchas chicas se presentan de forma provocativa y de manera abiertamente sexual para el agrado de otros jóvenes y envían estas imágenes por correo o teléfonos móviles.

El hecho de que en la cultura de los famosos las mujeres sean habitualmente presentadas como personas de éxito y celebradas por su atractivo sexual y apariencia (a veces con escasa referencia a su inteligencia o a sus capacidades) lanza un poderoso mensaje a los jóvenes sobre qué es lo que vale y en lo que deben centrarse.

Según psicólogos e investigadores, a una edad joven, las capacidades cognitivas necesarias para hacer frente a imágenes persuasivas de los medios todavía no se han desarrollado. Junto a esta falta de capacidad para afrontar tales imágenes, la capacidad de penetración de una cultura sexualizada da como resultado que los niños estén frecuentemente expuestos a material que no es apropiado para su edad.
Además, las evidencias conllevan a un nexo claro entre el consumo de imágenes de éste tipo y una tendencia a ver a las mujeres como objetos, así como la aceptación de actitudes y comportamientos agresivos como norma.
Al animar a los espectadores masculinos a percibir a las mujeres como seres sexuales, la publicidad promueve una mentalidad en la que las mujeres son vistas como subordinadas y, por tanto, como blancos apropiados de la violencia sexual.

Ante la evidente degradación paulatina de la dignidad humana, gobiernos, instituciones y medios de comunicación deberían de apelar al mensaje de que la sexualización es un tema de profunda importancia con graves consecuencias para los individuos, las familias y la sociedad.
Qué necesitamos entonces, un “Mapa” ó una brújula?

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